HEURÍSTICA | arte, creatividad e inteligencia
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arte, creatividad e inteligencia

 

arte, creatividad e inteligencia

 

En varias ocasiones hemos impartido charlas a padres de familia y docentes en distintos niveles del ámbito escolar, sobre la importancia de la creatividad en la educación y el papel del arte como una poderosa herramienta para ello. Es curioso ver que aún muchas personas tienen la idea de que el arte no puede relacionarse a la inteligencia y que su idea de creatividad estaba muchas veces reducida al concepto de creación por medio de la inspiración. Por supuesto, había excepciones y en la mayoría de casos, estamos seguros, ¡estas ideas cambiaron después de nuestra charla!

En gran parte, nuestra sociedad aún no reconoce el papel del arte y sus procesos creativos como una de las principales virtudes del ser humano o como un nivel elevado de inteligencia. Estamos acostumbrados a pensar en el arte como una forma de entretenimiento o mera decoración que en su momento también nos ayudó a aprender algo de historia. ¿Pero por qué, entonces, a lo largo de esa historia, el arte ha sido más que muchas otras formas de comunicación el mejor reflejo de la mente humana y su desarrollo? ¿Si sabemos que el arte está relacionado a la creatividad y la creatividad a la inteligencia, por qué aún no lo valoramos dándole el lugar que se merece?

DE LA INTELIGENCIA A LA CREATIVIDAD

Mucho se ha dicho acerca de la inteligencia. La han medido y luego determinado que es “inmedible” y mentes han sido exploradas y explotadas en pro de su análisis. Como un universo aparte, la inteligencia humana ha sido siempre un gran misterio.  En su uso más temprano del término, dado por los romanos, “inteligencia” se refería a información. Esto se relaciona hoy a la definición del término en el ámbito militar, campo en el que nos influyó dicha cultura principalmente.

En la época moderna, la” inteligencia” es el resultado de las observaciones realizadas por los naturalistas y los biólogos, que distinguieron el instinto y la inteligencia como las dos maneras en que el ser humano se enfrentaba a los ambientes.

Más adelante, los psicólogos adoptaron la visión de la inteligencia como la habilidad para aprender y para desarrollar nuevas formas de responder a las situaciones. No fue sino hasta mucho más adelante, en el último siglo, que la creatividad fue identificada como parte de la inteligencia. Es curioso pensar que la creatividad, que obviamente existía desde el principio de los tiempos en las artes y que se había revelado en las mentes de los grandes genios, necesitara de un estudio específico para relacionársele con la inteligencia.

Es entonces que se llega al concepto de “inteligencia creativa”, la cual se encuentra en la cima de los procesos de pensamiento. Si bien se ha demostrado que el ser humano promedio usa sólo de un dos a un diez por ciento de la capacidad creativa de la que dispone (que no es lo mismo que la noción falsa de que usamos sólo un diez por ciento del cerebro), la educación está empezando a responder a esta importante necesidad prestándole mayor atención en algunos ámbitos con el objetivo, en gran parte, de que su presencia se extienda dentro de todo el sistema educativo.

DESARROLLANDO EL PENSAMIENTO CREATIVO POR MEDIO DEL ARTE

Cuando hablamos de creatividad tendemos a pensar en ella como una mera habilidad. Una definición simple es que la creatividad es la habilidad de imaginar e inventar algo nuevo. Sin embargo, lo que creamos no es algo que surge de la nada. La creatividad se refiere a generar nuevas ideas combinando, cambiando, aplicando e incluso reinventando ideas existentes. Todos los seres humanos tenemos una enorme habilidad creativa. ¡Lo mejor de todo es que ya la traemos de forma natural y sólo hay que alimentarla y ponerla en práctica!

En otros casos definimos la creatividad como una actitud. Y bueno, sí lo es –también-­.  Es estar abierto y dispuesto a aceptar cambios y novedades: jugar con las ideas y posibilidades, con mirada flexible u observando cuidadosamente. La creatividad es también el hábito de disfrutar de los errores, apreciándolos como un proceso de aprendizaje, mientras se buscan maneras para mejorarlos. Esto quiere decir no tener miedo a equivocarse, siendo ésta una de sus cualidades más importantes de una persona creativa. Las personas creativas están conscientes de que siempre pueden existir otras posibilidades.

Y, como la inteligencia, hemos dicho que la creatividad es un proceso. Esta exige trabajo duro y un constante perfeccionamiento en las ideas y soluciones por medio de alteraciones y refinamientos graduales en nuestro trabajo. Contrario a los mitos, muy pocos trabajos de excelencia creativa son producidos de repente, en un frenesí o una actividad rápida, o como se ha dicho, cuando la inspiración llega. Picasso decía “Cuando la inspiración llegue, ¡que me encuentre trabajando!”.

¿Pero, qué es entonces el pensamiento creativo? En el artículo “Art Teaching for Crative Thinking” publicado en 1960 en el Art Journal, el profesor William Henry Harris decía: “Es obvio que el ser humano es tanto sujeto como agente. Para que cualquier actividad mental pueda suceder, estos dos aspectos de su naturaleza deben de ser combinados. A ese nivel, el ser humano es creativo. Todos estamos enterados de este nivel de consciencia, que va más allá de un pensamiento reflexivo. Aquí, la actividad y la subjetividad se encuentran en un estado de tensión único y productivo. Una no sacrifica a la otra. A eso se refiere el pensamiento creativo (…) De este modo podemos decir que el pensamiento creativo es simplemente la completa realización de lo que significa ser humanos”.

Cuando nos ponemos a pensar en ser creativo algunas veces es más fácil reconocer las situaciones en las que existe una completa falta de creatividad, incluso ejemplificarlas en vidas de personas que pueden permanecer de inicio a fin en lo que parece una confusión permanente. Piensa en aquéllas personas que la lo largo de su vida son arrastradas por la corrupción de un presente ante el cual no quieren actuar, personas incapaces de relacionarse y de relacionar un hecho actual con algo del pasado y a partir de eso no ser capaz de reconocer las implicaciones para el futuro. Quizás se pregunten ¿qué tiene que ver esto con la creatividad?. Pues mucho. Si poseemos mucho conocimiento e información y además la capacidad de reflexionar al respecto, pero no construímos nada a partir de ello, no proponemos nuevas opciones, no cuestionamos las cosas sino las damos por sentado, en resumen, no estamos siento creativos, ¿cómo podemos darnos cuenta realmente de lo que sucede a nuestro alrededor ahora y cómo sabemos de qué manera aplicar todo lo que sabemos en nuestra vida cotidiana y en el futuro? ¿Cómo construímos ese futuro?

Cuando trabajamos con el arte, el pensamiento reflexivo se despierta de forma automática. Una obra de arte nos transporta, nos eleva, nos hace olvidarnos de todo lo que hay a nuestro alrededor, de las preocupaciones o lugares comunes que tan seguido ocupan nuestras mentes. Pero además la obra de arte nos cuestiona, nos lanza sin consultarnos primero, todo tipo de interrogantes. Nos habla a través de símbolos a los cuales no estamos tan acostumbrados y aún así es clara, aunque también puede ser ambigua. Es eso lo que nos pone a pensar. Al pensar en arte el pensamiento crítico y analítico están en alerta.

Sin embargo, la reflexión por si sola no es suficiente. Los reordenamientos más lógicos de la experiencia se vuelven estériles y dogmáticos sin una constante integración de nuevas experiencias. Si vemos arte, cuán conformes espectadores, pasivamente, no le dejaremos espacio a la reflexión. Cuando estamos acostumbrados a pensar del modo que el arte nos hace pensar con respecto a todas las cosas aprendemos más. Esa información, a través de la experiencia, se suma a nuestro conocimiento previo, que incluye la habilidad académica archivada. En entonces donde el pensamiento creativo juega un papel importante. Howard Gardner dice que “para pensar afuera de la caja, primero hay que tener una caja”.

Por medio del arte también nos expresamos. Como sus símbolos no son tan comunes para todos, nos reta a comunicarnos de maneras distintas, a la vez que nos permite expresar cosas que las palabras no pueden por sí solas. “El arte no conoce los límites del lenguaje ni de la cognición”. Con el arte somos libres; la mente se siente libre. Y crea. Esa creación no sería la misma, por supuesto, si no fuera el resultado de todo un proceso de aprendizaje, de todo tipo de disciplinas y temas, experiencias y reflexión. Pues, como dice Ken Robinson, ser creativo significa “crear a partir de ideas originales que tengan valor”. Nuestro pensamiento creativo depende de nuestro nivel de consciencia sobre nuestra propia existencia y de las energías que estemos dispuestos a invertir en su completa realización.

No hace falta explicar aquí entonces por qué el arte nos enseña no sólo a ser artistas, sino a ser seres más inteligentes, abiertos y flexibles, preparados para afrontar el futuro, sea cual sea.


 

Luisa González-Reiche

HEURÍSTICA